La evolución de la higiene

 



La prehistoria: nada como la experiencia

Aunque resulta complicado analizar la noción de higiene que existía en aquellos tiempos remotos, se puede pensar que sólo se basaban en la experiencia. Los supervivientes realizaban deducciones para garantizar su seguridad: seguramente se aplicaba de forma literal la norma de "no comer todo lo que cae en la mano", lo que supone el nacimiento de las medidas de higiene alimentaria. Las medidas correspondientes a otros tipos de higiene aparecieron bastante más tarde

La antigüedad: baños, cremas y placer

Baños a temperatura variable, masajes, cremas perfumadas y enjuagues: la higiene de los griegos y romanos tenía un sentido purificador, al tiempo que evocaba el placer. Conscientes de la necesidad de cuidar el cuerpo, los romanos pasaban mucho tiempo bañándose en las termas colectivas. Todo ello lo llevaban a cabo bajo los buenos auspicios de la diosa Higiea, protectora de la salud, de cuyo nombre deriva la palabra actual "higiene". Estas costumbres se extendieron hasta Oriente, donde los baños turcos o los hammam se convierten en la actualidad en rituales de purificación religiosa, placer e higiene.

Edad media: limpieza personal y "¡agua va!"

En esta época, el orinal (que apareció en tiempos de los romanos) sigue siendo un elemento imprescindible y, en ocasiones, las necesidades se realizan delante de toda la gente. La población de las ciudades, donde se preocupan bastante por la higiene corporal, se baña con asiduidad. Los baños públicos o baños turcos permiten que los hombres se reúnan y relajen en un auténtico lugar de placer. Por toda Europa se extendía la moda del baño y las letrinas, vestigios de la presencia romana. Sin embargo, los baños públicos acabaron convirtiéndose en lugares mal frecuentados. En la ciudad, la gente se perfumaba, se arreglaba el pelo y utilizaba las lavanderías. En la calle, la higiene era menos evidente: en esta época se lanzaba todo a la calle, de ahí la expresión "¡Agua va!". Los excrementos y las aguas residuales se mezclan y discurren por los canales del centro de las calles.

Renacimiento: el cuerpo "protegido" bajo la suciedad

La higiene experimenta un paréntesis debido principalmente a una percepción diferente del cuerpo (que se considera tabú) y a la aparición de enfermedades muy graves como la Sífilis, que se propagan sin que ningún científico pueda realmente explicar la causa. Se cree entonces que el agua penetra en el cuerpo a través de los poros de la piel y transmite la enfermedad. Asimismo, la peste asola gran parte de occidente. De igual modo, se pensaba que una capa de suciedad garantizaría una protección contra las enfermedades. Por lo tanto, el aseo corporal empieza a realizarse sin agua. Sólo se utiliza una toalla limpia para frotar las partes visibles del cuerpo. Al contrario, la higiene de la ropa empieza a evolucionar: cuanto más rica sea una persona, más deberá cambiarse de ropa. No obstante, el hecho de que una prenda blanca se pusiese negra era bien visto: significaba que había acumulado suciedad y, por lo tanto, ya no era necesario lavarse. Esta evolución parece que se extiende por todo occidente en general. Paradójicamente, el agua se utilizaba con fines terapéuticos: se empleaba con plantas para el baño o en decocciones.


En el siglo XVIII volvieron a aparecer las letrinas colectivas en las casas y se instauró la prohibición de desechar los excrementos por la ventana (práctica bastante corriente hasta entonces). Del mismo modo, se aconseja a los habitantes de las ciudades que arrojen la basura en los espacios asignados para ello. Paralelamente, la química contempla grandes avances: en 1774, el químico sueco Carl Wilhem Scheele descubrió el cloro. Los científicos descubrieron más tarde que, mezclada con agua, esta sustancia blanqueaba los objetos (Claude Berthollet) y mezclada con una solución de sodio desinfectaba (Antoine Labarraque). Es entonces cuando aparece la lejía.

 

Siglo XIX: desarrollo del urbanismo y las ciencias

Es el siglo de la renovación de la higiene:

- Avanzan los trabajos de urbanismo, que proponen la creación de fosas sépticas y de un mecanismo de evacuación de las aguas residuales hasta el desagüe en todas las nuevas construcciones. Son los inicios de las tuberías de desagüe.
- El agua residual, rica en nitrógeno, se utiliza para enriquecer la tierra mediante su purificación (principio de nitrificación). Surgen así los primeros campos de abono.
- Al tiempo que los retretes (WC) ingleses se extienden por toda Europa, se organizan las primeras exposiciones sobre higiene.

  Con respecto a las ciencias, los progresos son considerables y dejan en el olvido las viejas creencias (entre ellas, aquella de la "generación espontánea", refutada por los experimentos de Louis Pasteur).

A medida que se descubren diferentes bacterias y su papel clave en las infecciones conocidas, se asume que es posible protegerse de ellas.

En líneas generales, se perfilan las primeras medidas de higiene: lavarse las manos y el aseo diario con agua y jabón. Estos hábitos se difunden a escala internacional a través de médicos y políticos de la época, que solían reunirse en congresos. Un objetivo esencial: vencer las enfermedades contagiosas, la peste, el cólera, la fiebre tifoidea, el tifus, la fiebre amarilla. Es la época de las cuarentenas. Asimismo, los médicos (que son personajes influyentes) observan los comportamientos, las infraestructuras (mercado, matadero, conductos...) y proponen mejorar la higiene. En 1847, Ignac Semmelweis comprueba que las medidas de higiene reducen la mortalidad causada por fiebre puerperal (después del parto) y el escocés Joseph Lister, basándose en los trabajos de Pasteur, utiliza la antisepsia en cirugía. Se divulga la idea de higiene como sinónimo de prevención. Aseo y vacunación se convierten en palabras clave.


Siglo XX: higiene equivale (casi) a comportamiento


Las conferencias internacionales de finales del siglo XIX acuerdan la creación de una oficina internacional de higiene pública, que se instala en París en 1907. Su nombre pasará a ser OMS (Organización Mundial de la Salud) en 1946.
Se establece un compromiso de lucha y cooperación frente a las enfermedades infecciosas.

 


Paulatinamente, la población asume la noción de higiene gracias, sobre todo, a su introducción en las escuelas. De este modo, se consigue que esta noción llegue a todas las clases sociales.

El cambio es lento, ya que existe un enfrentamiento constante con las creencias y los hábitos, las diferentes concepciones de limpieza y suciedad, etc.


Los avances biológicos logran demostrar, entre otros, los mecanismos de contaminación y de infección.


Aunque las medidas varían en función de los países, la higiene se impone en todos los lugares del mundo. No obstante, aún hoy día, quedan bastantes logros por conseguir: parece que lavarse las manos tras ir al servicio no es una práctica tan frecuente.


Asimismo, aunque las medidas de higiene han permitido localizar terribles enfermedades como la sífilis, la peste, el cólera o la tuberculosis, en la época moderna resurgen antiguas plagas (la tuberculosis) o aparecen otras nuevas (el SIDA).


Por lo tanto, es preciso descubrir una higiene diferente o renovada para el siglo XXI.