Conclusión
Cada uno puede aportar su propia piedra al edificio de la salud. Para empezar, basta con tener una correcta higiene diaria. Los principios de ésta se deben asimilar desde la edad más temprana para que, obligatoriamente, la higiene se convierta en un hábito casi innato. No obstante, la higiene es algo más: consiste en adoptar un comportamiento sano en cualquier circunstancia. Para ello, se recomienda seguir una dieta equilibrada, un ritmo de vida regular, ratos de descanso apropiados y evitar el abuso del tabaco, el alcohol y otras drogas. Una higiene de vida correcta es el primer paso hacia una sociedad más saludable.